
Medellín, mayo 19 de 2026. La industria siderúrgica colombiana, un pilar fundamental para el desarrollo de infraestructura y vivienda, enfrenta hoy una tormenta perfecta de costos operativos y presión internacional.
Mauro Roberto de Castro, director país de Diaco, la mayor recicladora de chatarra en Colombia, advierte que la sostenibilidad del sector depende de una visión de Estado que equilibre la cancha frente a las importaciones y mitigue el impacto de los servicios públicos.
El golpe energético: Gas natural triplica su costo
El principal factor de estrés para la producción de acero nacional se concentra en la matriz energética. Según De Castro, el sector ha sufrido una presión crítica debido al incremento en el precio del gas natural, que ha pasado de promediar los US$8 por MMBtu a valores cercanos a los US$25.
Este incremento, superior al 200%, se suma a la incertidumbre sobre la disponibilidad del recurso, especialmente para las plantas ubicadas en el centro del país (como la planta de Diaco en Tuta, Boyacá), que dependen de complejos esquemas de transporte.
A este panorama se añade el impacto del salario mínimo en una cadena que es intensiva en mano de obra, desde los recolectores de chatarra hasta los transportistas.
“Aranceles inteligentes”: Una política de reindustrialización
Frente a este escenario, Diaco defiende la implementación de “aranceles inteligentes” como una medida necesaria para frenar la desindustrialización. De Castro señala que en los últimos 15 años, la industria ha perdido cuatro puntos porcentuales de participación en el PIB colombiano, un fenómeno impulsado por lo que califica como la “invasión de productos chinos”.
El directivo aclara que no se trata de eliminar la competencia, sino de “nivelar la cancha”. “Tener esta protección significa que estamos tratando de bloquear una amenaza que es real”, afirmó el director país, destacando que países como Perú ya han seguido este camino activando medidas antidumping contra China.
Consumo rezagado y potencial en infraestructura
A pesar de contar con 50 millones de habitantes, Colombia consume apenas 3 millones de toneladas de acero al año. Con un consumo per cápita estimado por el directivo en cerca de 30 a 60 kg, el país se sitúa muy por debajo de Brasil (80 kg) o Estados Unidos (más de 100 kg).
Sin embargo, el potencial de crecimiento es amplio. El déficit de vivienda y los proyectos de infraestructura 4G y 5G, junto con la expansión de líneas férreas y puertos, se perfilan como los grandes dinamizadores de la demanda para los próximos años.
Capacidad instalada: El reto de los aceros largos
Colombia es actualmente autosuficiente en la producción de aceros largos (varillas y alambres), contando con cinco productores nacionales que cumplen con normativas sismorresistentes.
Por el contrario, la totalidad del acero plano (utilizado en electrodomésticos y la industria automotriz) debe ser importado, ya que el país carece de plantas de producción para esta tipología.
