
Bogotá, mayo 19 de 2026. El Centro de Pensamiento Económico ANIF lanzó una advertencia sobre los riesgos que enfrenta la estabilidad de precios en Colombia de cara al cierre del año.
De acuerdo con su informe semanal No. 1703, la muy probable consolidación de un Fenómeno de El Niño fuerte en el segundo semestre llegará en un momento que ya es considerablemente retador en materia de inflación, lo cual podría generar impactos negativos colaterales sobre el desempeño del crecimiento económico general.
El panorama climático se tornó crítico tras los reportes del Ministerio de Ambiente y el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM), que elevaron sustancialmente las alertas.
Según los modelos predictivos de abril, la probabilidad de que el fenómeno se consolide se ubica en un 60% para el mes de junio, escalando de forma drástica al 90% en septiembre.
El IDEAM fue más allá al advertir que existe un 82% de probabilidad de consolidación para el trimestre mayo-junio-julio, una cifra que proyecta un avance implacable hasta alcanzar cerca del 96% hacia finales de 2026, bajo una intensidad catalogada como “Muy fuerte”, similar a la crisis climática registrada en el periodo 2015-2016.
El canal de transmisión: Alimentos perecederos y energía
En Colombia, este choque se traduce en una reducción drástica de las lluvias. Los impactos más severos del fenómeno se concentran en dos componentes críticos que golpean directamente el bolsillo de los consumidores: la generación de energía eléctrica y la oferta agrícola.
De materializarse con fuerza en la segunda mitad del año, El Niño podría traslaparse con la temporada seca natural de diciembre y enero, configurando un escenario de sequía prolongada.
El análisis histórico provisto por el equipo de investigaciones de ANIF detalla que en episodios anteriores de intensidad fuerte, los impactos han sido mayúsculos:
- Tarifas de energía: Durante el evento de 2009-2010, los precios de la electricidad escalaron hasta un 18,2%.
- Precios de alimentos: En la crisis de 2015-2016, el componente de alimentos se disparó un 18,9%.
Los productos más vulnerables en el mercado
ANIF identificó que los alimentos con mayor demanda hídrica y escasa capacidad de sustitución registran las mayores aceleraciones de precios.
Dentro de este grupo se destacan productos agrícolas esenciales como la papa, el plátano, las frutas frescas, la zanahoria, las legumbres secas, el arroz, el maíz, la yuca, la cebolla y la arracacha. Asimismo, la escasez de agua y forraje impacta a bienes no agrícolas clave como la carne de res, la leche y el pescado.
En conjunto, estos rubros de alta sensibilidad climática representan nada menos que el 43,1% de la canasta total de alimentos que el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) monitorea mensualmente para el cálculo del Índice de Precios al Consumidor (IPC), lo que anticipa una fuerte resistencia a la baja en la inflación nacional.
