Medellín, mayo 20 de 2026. Ante la proximidad del 8 de agosto, fecha en la que se marcará el inicio de una nueva etapa gubernamental con la agenda de los “100 días para transformar”, la sostenibilidad energética de Colombia se ha posicionado como una de las preocupaciones centrales del sector gremial.

María Claudia Lacouture ha calificado la gestión de los últimos tres años en esta materia como una “irresponsabilidad”, advirtiendo que el país camina hacia un posible apagón en el año 2027 si no se toman medidas correctivas inmediatas.
Crisis de confiabilidad y transición desordenada
Para Lacouture, la crisis energética no es solo un subproducto del cambio climático o del Fenómeno del Niño, sino una falla en la construcción de bases sólidas para el sector.
El próximo gobierno enfrentará la tarea urgente de establecer confiabilidad en el sistema, generando condiciones que permitan una transición energética ordenada. Sin estas bases, la sostenibilidad del suministro eléctrico para la industria y los hogares queda en entredicho.
La sostenibilidad fiscal como cimiento del sector
La analista subraya que cualquier acción en el sector energético —o en cualquier otro rubro de inversión— depende de la sostenibilidad fiscal. Lacouture enfatiza la necesidad de “sincerar” el presupuesto nacional: conocer con exactitud el gasto real, los ingresos, el nivel de deuda y las variables que los conforman.
Actualmente, advierte un gasto que califica de “infinito” y direccionado por intereses ideológicos más que por las necesidades del país. Sin un ordenamiento de las finanzas públicas, el Estado no tendrá los recursos para incentivar la inversión necesaria que evite la crisis eléctrica proyectada.
El impacto en el bolsillo del ciudadano
La crisis energética y fiscal tiene un rostro humano. Lacouture explica que, cuando el gobierno gasta de forma irresponsable y se endeuda a tasas altas, el presupuesto deja de alcanzar para las necesidades sociales.
Para el ciudadano común, esto se traduce en:
- Tasas de interés al alza, dificultando el acceso al crédito.
- Un incremento en el costo de vida, haciendo más caro cubrir las necesidades básicas.
- Menos recursos para el bienestar social, pues el dinero se destina a pagar una deuda cara en lugar de invertirse en el país.
Relación estratégica con EE. UU.: Un motor desaprovechado
Finalmente, la seguridad energética también depende de la capacidad de atraer inversión extranjera. Aunque la relación con Estados Unidos es calificada como “estratégica y pragmática”, Lacouture señala que se encuentra subejecutada.
Destrabar esta relación es vital para recuperar la confianza del inversionista, fortalecer la cultura exportadora y asegurar que Colombia sea un aliado estratégico en el hemisferio en términos de seguridad y proveeduría.
